Saturday, December 03, 2016

En defensa del humor blanco Por Pepe Pelayo (Creador y estudioso de la teoría y la aplicación de humor / cubano-chileno)

Enviado por Humor Sapiens el Mar, 29/11/2016 - 23:20
Copyright © Pepe Pelayo. Publicado en Humor Sapiens con el permiso de su autor. Reservados todos los derechos. Para más información visitar la web del autor

¿Cuál es el humor blanco? Con este término suele aludirse, de manera intuitiva y aproximativa, al humor que —no importa cuál sea su tema— se percibe “limpio” de referencias al sexo, de burla o ataque contra alguien o algo, de cualquier tipo de virulencia o acidez, de cualquier intención que no sea la de hacer reír sanamente, “inocentemente”, por lo que no puede ofender ni a niños ni a abuelitas.
Como es obvio, es este un concepto más bien vago, de límites imprecisos, e implica una idea de “pureza” que siempre es discutible, pues cabe preguntarse si en el humor no hay siempre, en algún sentido, un cierto matiz de burla o irreverencia.
¿Por qué comienzo con la definición de humor blanco? Para que se entienda mejor el objetivo de esta reflexión, que no es más que defenderlo.
Al grano. No hace mucho leí en un diario mexicano que el famoso cómico Mauricio Herrera afirmaba que él era el único humorista vivo que hace humor blanco en México. Argumentó que ya no hay comediantes que busquen explotar la inteligencia y los juegos de palabras.
Me sorprendió y sentí mucha pena. ¿Entonces yo también estoy en vías de extinción?
Sin dudas el anonimato de las redes sociales, con sus toneladas de groserías y vulgaridades supuestamente
cómicas y la posibilidad cobarde de criticar sin dar la cara, escudándose en la libertad de expresión, creyendo hacer sátira, cuando en realidad no hacen humor, sino practican el escarnio sin filtro; sin dudas, decía, tiene poco o mucho que ver con no gustar como antes del humor blanco.
Pero también la baja en educación -no instrucción-, en la formación integral y nivel cultural de nuestros niños, jóvenes y adultos jóvenes, que han perdido el rumbo entre la tecnología mal usada, el consumismo o la extrema ideologización, buscando llenar profundas lagunas intelectuales y espirituales que intuyen tienen.
¿Qué otro elemento me falta como causa de la desaparición del humor blanco? El que sepa que me ayude.
En noviembre del año pasado un periodista de la Nacion.cl escribió sobre el colega “Firulete” al fallecer algo sorprendente. Decía que el humorista chileno fue algo así como el baluarte de un humor "brutalmente inocente". ¡Para no creer!
Primero me consternó que asegurara que ese humor era como "antiguo", como "pasado de moda". Y segundo, me impactó el uso del término "brutalmente". Para mí, realmente es una cosa monstruosa. Quiero señalar aquí que el humor inocente, infantilón, blanco, jamás pasará de moda.
Y si ese periodista piensa que el humor burlón, grosero, vulgar, de doble sentido o sarcástico es mejor, más "intelectual", o de mayor calidad per se que el inocente, su opinión deja mucho que desear.
Por supuesto, si se refiere a que en la actualidad cada día se incrementan más los humoristas que practican el humor no inocente, estamos de acuerdo. Pero no significa que el humor de Firulete esté demodé; lo que quiere decir es que nuestros creadores y consumidores de humor han bajado el nivel de calidad, lamentablemente, ya que se sabe que el otro es más fácil de hacer.
Por favor, amigos lectores, no se dejen engañar. Todo humor sano es bueno, todo lo que produzca risa sana es bueno, incluyendo la misma burla, con sus variantes de sátira, caricatura, parodia, broma o ironía, cuando son constructivas, incluso puede ser positivo el doble sentido cuando es de buen gusto. Aunque nunca será bueno el humor burlón cuando la víctima de esa burla sufra y nunca será beneficioso el humor grosero, vulgar, de mal gusto si se hace en el lugar y momento inadecuado.
Sin embargo, el humor infantil, blanco, incluyendo el que hace pensar, claramente, es fundamental en el ser humano. Cuando el humor inocente, como él dice, falta, faltan entonces muchos valores humanos.
Repito, me encanta el humor blanco y trato de crearlo junto al humor que hace pensar, y al absurdo, al negro y al humor infantil. Y sé, porque tengo desarrollada mi capacidad de autocrítica, que no se me da con frecuencia el humor político, ni el picaresco, ni el costumbrista, ni el ácido y menos el sarcástico. Pero eso no quiere decir que no los valore, que no los disfrute y que me encantaría tener ese talento para hacerlo. Por tal motivo debo dejar establecido algunos puntos importantes para mí, a modo de conclusión:
Humor blanco no es lo contrario de humor negro, como le escuché decir a un humorista en televisión. El humor negro es el llamado "humor cruel" y puede llegar a ser inteligente y hasta terapéutico (lo he experimentado en mis talleres). Y no es el humor vulgar, le aclaro al colega.
* Todo humor que haga reír o sonreír sanamente es bueno para mí, esté clasificado en la modalidad que sea.
* No existe una modalidad o género dentro del humor que sea mejor que otro.
* El humor blanco no está pasado de moda (ni nunca lo estará), como quieren hacernos creer algunos humoristas y periodistas.
* Estoy de acuerdo con "el humor sin censura", desde el punto de vista de la libertad de expresión. Por ese motivo me siento hasta en la obligación de aceptar el humor que hacen, por ejemplo, los humoristas de la revista Charlie Hebdó, el cual detesto. Pero prefiero que exista a que lo censuremos (o peor, eliminemos, como intentaron hacer esos locos, asesinos, salvajes e incivilizados yijadistas).
Ojo, no se trata de decir o no malas palabras, o de usar el doble sentido en el tema sexual, o el humor picaresco o el humor político fácil y directo, por mencionar algunos tipos de humor que se explota mucho de manera mediocre en escena, pantalla y gráfica últimamente. Se trata de hacer arte y no usar ese recurso por gusto, sin razón, sin justificación, sólo porque se sabe que es una “técnica” segura que hace reír, o porque "así habla el pueblo", como a veces he escuchado para justificar su uso.
Esos tipos de humor agreden nuestro intelecto, nuestro espíritu, nuestro buen gusto y a la razón de ser del arte, del humor. Yo no lo hago, pero, como ya dije, estoy a favor de la libertad de expresión, por lo que debo aceptar que haya colegas que lo hagan.
Solo les pido a los que tengan poder, que permitan hacer ese humor nada más donde y cuando se pueda hacer. Y ojalá no lo programen en los medios masivos, porque malforma a los incautos que lo consumen sin saber que les hace daño. Pero si se equivocan y lo programan, me encantaría que la gente supiera que puede cambiar de canal, mover el ideal, buscar otra revista, etcétera . Así, el que desee consumir ese humor tiene derecho a hacerlo y el que no quiera que no lo consuma y todos felices.
En fin, seguiré creando humor blanco, porque tengo abundantes pruebas de que a los niños les gusta. Pero no sólo a ellos, muchísimos padres, profesores, bibliotecarios, motivadores de lectura, etc., disfrutan de mi humor y me lo confiesan. Más los adultos que me siguen tanto en escena como en mis libros y textos breves, chistes gráficos y mis demás locuras.
¿Entonces? ¿Cómo se entiende que algunos afirmen que no gusta y por otro lado me dicen y yo digo que gusta? ¿No será que es falso que a la mayoría de los consumidores no les gusta? ¿No será que esa es la impresión que da el ver las redes sociales repletas de otros tipos de humores y supuestos humores (léase pus)? Como tienen más vitrina porque usan las redes todo el tiempo y suenan más, nos confunde en el cálculo, como le pudo haber pasado al amigo humorista mexicano.

Prefiero pensar positivo. Y sin menospreciar ningún tipo de humor, porque todos me agradan si están bien hechos, continúo defendiendo el humor blanco y casado con él, hasta que la muerte nos separe.

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