Sunday, March 27, 2011

«El tebeo ya no es popular; ahora solo tenemos a la capitana Obregón» El incombustible Francisco Ibáñez cumple 75 años sin intención alguna de abandonar a sus personajes y con un nuevo álbum sobre la jubilación en camino

DAVID MORÁN / BARCELONA
In ABC de 16/03/2011

Tampoco es tan difícil: solo hay que relajar la mandíbula, estirar las comisuras de los labios y dejar que la risa, la bendita risa, fluya sin parar. De acuerdo: a veces hace falta algún factor externo, algo que prenda la mecha, y si de algo sabe Francisco Ibáñez (Barcelona, 1936) es precisamente de eso: de acelerar la risa, provocar la carcajada y, en fin, sentar cátedra en lo que a humor superlativo se refiere.
Lleva haciéndolo más de sesenta años y no va a parar ahora que el calendario informa diligentemente de que el creador de Mortadelo y Filemón cumple 75 años. Al dibujante barcelonés, es cierto, se le acumulan los aniversarios —Mortadelo y Filemón anda ya por los 53 y la 13 Rue del Percebé acaba de cumplir medio siglo de vida—, pero esta ocasión es especial. Y es que, érase una vez un hombre a un taburete pegado, Ibáñez rara vez sale de su estudio, mucho menos para hablar con la prensa. “¡Es que yo no soy importante! Importante es Mourinho”, bromea el gran albacea del legado de Bruguera.
Pero no: Ibáñez, como sabrán, es importante. Muy importante. Y sus 75 años son una excusa tan buena como cualquier otra para citarse con él en un despacho empapelado con algunos de sus más célebres personajes y escucharle hablar y, claro, reir. Sobre todo reir.
—¿De qué se rié Francisco Ibáñez?
—¡Uy, sí yo no me río tanto! (carcajada). A veces, cuando estoy trabajando y me viene una nube que se acaba transformando en un nubarrón, me da por autotransplantarme mi propio humor. Cojo álbumes antiguos y entonces sí que me río. Vaya sí me río.
—Supongo que, con la que está cayendo, el humor es ahora más importante que nunca.
—Ya lo creo que sí. Pero piensa, por ejemplo, que el que hace el chiste diario en un periódico lo hace por la mañana y por la noche ya lo tiene impreso y publicado. Yo, en cambio, tengo que asegurarme de que un tema vaya a estar en auge dentro de tres o cuatro meses. Ahora mismo, por ejemplo, estoy trabajando con la jubilación. ¡La jubilación a los 90!
—Curioso que hable de jubilación alguien que no parece tener intención de dejar nunca los pinceles.
—¡Es que no me dejan! En cuanto se me ocurre insinuar algo, me cierran la boca con planes editoriales y todas esas cosas. Pero vamos, que yo encantado.
—Hace un par de años, en un encuentro con lectores en el Salón del Cómic de Barcelona, lamentaba usted que el cómic cómico se estuviese extinguiendo…
—Y creo que fui muy amable al decir eso. Un amigo mío dibujante solía decirme: "el problema del cómic no es que esté enfermo; el problema es que hace tiempo que murió". Para mí las historietas siempre ha sido algo popular: ibas al quiosco y estaba lleno de capitanes, de Pulgarcitos… Hoy todo eso ha desaparecido y solo tenemos a la capitana Obregón y la capitana Rociito. El tebeo ya no es popular. Antes se hacían tiradas de 300.000 ejemplares, y hoy si alguien tira 50.000 ejemplares ya te puedes dar con un canto en los dientes. Y menos mal que los que hacían cómic realista han cambiado de temas, porque sino, con su tipos musculosos y sus espadas flamígeras, también habrían desaparecido. En pleno siglo XXI, el personaje de cómic tendría que ser el oficinista jorobado que roba material a escondidas.
«Sabe un poco mal ver cómo algo a lo que has dedicado tu vida está desapareciendo»
-¿Siente nostalgia por los años dorados de Bruguera?
—Más que nada que soy prácticamente el único que sigue teniendo contacto con el público… Y, la verdad, sí que sabe un poco mal ver como algo a lo que has dedicado toda tu vida está desapareciendo; algo que podría haber sido el octavo arte y está desapareciendo.
—Aún así, con tantas tiras publicadas y álbumes vendidos, supongo que debe saber perfectamente cuál es el secreto del éxito de Ibáñez.
—¡Pues que las hago yo! No, en serio, siempre digo que el éxito se resume en una palabra: guión. El guión tiene mucha importancia, y yo siempre le he prestado mucha atención.
—Me imagino que sigue defendiendo que el mejor matrimonio es el que forman sus nalgas y su taburete.
—Sí, sí, aunque las nalgas ya están completamente planas. La verdad es que, si lo pienso, creo que he estado más tiempo con el taburete que con mi familia. A veces me veo a mí mismo como un monje trapense, alejado del mundo, y después de pasar tanto tiempo solo parece increíble que me salgan las palabras. Pero bueno, yo lo acepto de buen grado; quien no lo acepta es mi mujer. En este oficio, hacer diez páginas a la semana ya era una chifladura, y yo he llegado a hacer veinte a la semana. A lo mejor ahora no soy tan productivo, pero las horas de trabajo son las mismas. Eso sí: con más tiempo para colocar la espalda y silenciar ese concierto de castañuelas que son mis vértebras.
—Siempre ha dicho que el cómic es el primer paso hacia la gran literatura, pero no sé si compartirán la opinión aquellos escritores que se pasan los días de Sant Jordi viendo como usted firma sin parar mientras ellos espantan moscas.
—Uy, yo paso un mal rato tremendo cuando veo que tengo una cola de cincuenta o sesenta personas y al lado hay un literato que no tiene a nadie. Lo miro y supongo que se debe estar ciscando en mí, aunque no entiendo cómo no se traen a un par de amiguetes para que les hagan compañía. Porque, claro, ellos pasan un mal rato, pero yo también. Aunque encantado, claro.
—De no haber tenido a dos hijos tan exigentes como Mortadelo y Filemón, ¿a qué personaje le hubiese gustado dedicar más tiempo?
—Creo que a Rompetechos. Era un personaje muy simpático. Además, a los dos nos quitan las gafas y nos tienen que llevar de la mano. Y encima, al ser un personaje solo y chiquitajo, las páginas me las ventilaba enseguida.
—¿Qué le queda por hacer a Ibáñez?
—Pues más páginas. Si tuviese treinta años menos te diría que buscar nuevas estructuras o algo así, pero ahora es cuando me digo: "Tito, esto se acaba". Ya me lo dice la gente: “trabaja, trabaja y no te mueras”.

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